El impacto del trauma en la vida de los niños y niñas.

By noviembre 7, 2017Noticias
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El impacto del trauma en la vida de los niños y niñas.

Licda. Carolina Astúa Jiménez

Facilitadora de Recuperación Emocional y Salud

Msc. Melissa Chaves Sanchez.

Directora de programa Aldeas Infantiles Tres Ríos.

Imaginemos que nuestra vida cambia drásticamente de un día para otro, que todo lo que tenemos, hacemos o esperamos desaparece; que llegamos a un lugar donde no conocemos a nadie, donde las rutinas son diferentes a lo que hacíamos tan solo ayer, nuestras figuras más representativas ya no están y tenemos que adaptarnos rápidamente, ir a una nueva escuela,  dormir en un nuevo lugar, probar nuevos sabores de comida entre otros muchos cambios. Sumemos a todos estos cambios el hecho de que llegamos a ese lugar luego de vivir meses o años de agresión física, abuso sexual o negligencia, de no saber lo que nos esperaba al día siguiente, de temblar del miedo porque sabíamos que ese día íbamos a recibir golpes o a ser ultrajados de cualquier manera. ¿Cómo nos sentiríamos en este momento, qué pensaríamos, cómo reaccionaríamos a ese nuevo ambiente?

Reconociendo estas variables, posiblemente estaríamos asustados, enojados, tristes. Nos costaría mucho manejar los cambios, confiar en los demás y hasta en nosotros mismos, manejar nuestras emociones y expresar nuestros sentimientos, la rabia nos embargaría y responderíamos defensivamente a cualquier acercamiento.

Un panorama así asusta a cualquiera y esto es apenas una pincelada de lo que se vive después de un trauma.

Iniciemos por el concepto, el trauma es una  impresión emocional muy intensa causada por un suceso negativo que deja una huella en la psique, causa alteraciones orgánicas y cambia la vida de una persona.

A nivel orgánico el trauma causa cambios a nivel cerebral, daña el sistema nervioso y el desarrollo del procesamiento sensorial, daña la habilidad del cuerpo para aguantar el estrés, incluso puede retrasar el crecimiento. Estas alteraciones hacen que los niños, niñas y adolescentes que han vivido situaciones traumáticas vivan con miedo y en alerta constante. El trauma afecta la cotidianidad del niño, comportamientos, sentimientos, relaciones y su visión del mundo.

Vivir con miedo altera la química cerebral, el sobreviviente del trauma buscará estrategias de protección, suprimirá su voz, será incapaz de entender sus necesidades y las de los demás, puede correr, huir del peligro o congelarse, esconderse; suprime la conciencia e incluso puede “apagar” la corteza cerebral, es decir su pensamiento. Sus conductas pueden interpretarse como mal comportamiento, puede ser tachado de malcriado, retador o inadaptado, sin comprender sus conductas como mecanismos de defensa.

Un olor, un sonido, una persona, un recuerdo; pueden reactivar la situación traumática vivida y activar los mecanismos de defensa de manera inmediata, percibida como irracional o exagerada por las personas que rodean al niño o niña y desconocen la situación y sus efectos.

El trauma se revive una y otra vez, regresan las sensaciones, los pensamientos, la mayoría de veces incomprendidas e inmanejables para las pequeñas mentes de los niños y niñas a nuestro cargo.

Pero no todo es negativo, existen buenas noticias, el cerebro puede cambiar, crecer y sanar a lo largo de la vida, en el ambiente adecuado, con la compañía adecuada y con los recursos necesarios. La vida de estos niños puede cambiar de rumbo, elegir el camino de la confianza y la seguridad, abandonando el del miedo y la angustia.

Sin embargo, la mayoría de los niños no cuentan aún con las herramientas necesarias, dependen de las personas adultas y profesionales de cuidado fomentar los espacios seguros y sustentar su bienestar.

Sanar el trauma significa reconocer que la persona menor de edad depende de las personas adultas para su cuidado, que en su mayoría vienen de hogares en los que no sabían que esperar, no había certeza de cómo sería su día.  Por eso deben reconocer su lugar actual como un lugar seguro, en donde se minimicen los cambios, desaparezca la incertidumbre, se satisfagan sus necesidades básicas  y afectivas, las figuras significativas les respeten  y traten con cariño y comprensión; sepan que va a suceder mañana y qué esperar más adelante, que no se deban esconder, huir o someter por el maltrato.

Cuando se ha pasado un trauma, todo cambio es complicado. Hay muchos sentimientos que no pueden expresar. Necesitan estructura y saber lo que va a venir, porque han vivido en un ambiente en donde no sabían lo que iba a pasar y esto a cualquiera le genera ansiedad.                El trauma impacta diferentes áreas de la vida y así debe ser  abarcado en la intervención que se haga.

Las personas que han sufrido un trauma  deben dejar su estado de alerta constante y miedo y esto solo se logra brindando ambientes seguros en donde no se les lastime y tampoco lastimar a otros. El niño que no permitía ser abrazado o que reaccionaba defensivamente, poco a poco se irá dando cuenta de que las cosas cambiaron, que ahora está en un lugar seguro y que la violencia quedó atrás.

Se debe devolver la confianza en los demás, la seguridad personal, entrenar las habilidades para manejar las emociones y lograr instaurar la capacidad para adaptarse a los cambios.

El trabajo es arduo pero la recompensa es grande; se debe tomar en todo momento conciencia de lo que sucedió y las secuelas que trae consigo. El apego sano va a cumplir gran parte de este trabajo, al satisfacer las necesidades se brinda un ambiente de confianza y seguridad.

De ahí que nuestra labor principal es hacer de la Aldea un lugar seguro, en el que niños y niñas puedan confiar y desarrollarse integralmente, dejando atrás el trauma,  hasta alcanzar su autosuficiencia en la vida adulta para así lograr enfrentar el mundo de manera exitosa.

Esto es parte de nuestro trabajo diario y tenemos a los profesionales expertos en estos temas.  Sin embargo aún falta muchísima ayuda, es por esto que contamos con tu apoyo para seguir trabajando por los derechos de la niñez y la juventud del país.