Trayecto hacia la meta

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Roger Philip Brown Johnson nació hace 25 años en Limón, pleno Caribe costarricense. Es alto, grande y muy amable. Roger no recuerda nada del Caribe. Ni sus hermosas playas, ni sus palmeras, ni su agua cálida y turquesa. “Desde que tengo memoria hasta los 18 años, sólo tengo recuerdos de la Aldea Infantil SOS de Tres Ríos, porque llegué ahí siendo un bebé,” recuerda Roger.

Hay razones por las cuales Roger debió dejar Limón sin tiempo para guardar en su memoria la zona en que nació. “Entré en Aldeas porque, según me contaron, mi familia era un caos completo. Y todavía lo es. Lo que me cuentan mis hermanos es que una de mis tías denunció nuestro caso al Patronato Nacional de la Infancia y ellos nos enviaron a un albergue. De allí fue que finalmente, con tres de mis hermanos, llegamos a Aldeas,” explica Roger.

En Tres Ríos, una zona montañosa rodeada de plantaciones de café que no se parecía en nada a las playas de las que venían, los niños encontraron un entorno familiar en el que apoyarse, adultos que se ofrecían como guía y la tranquilidad de sólo preocuparse por crecer junto a sus hermanos.

Hoy Roger sigue en contacto con cuatro de sus hermanos y trabaja desde hace tres años y medio en PriceSmart, un club de compras al que se puede acceder sólo con membresía. Sentado con calma en una de las mesas dispuestas a las afueras del centro comercial y poco después de almorzar, Roger habla tranquilo sobre su presente. “Soy agente de ventas. Empecé vendiendo membresías fuera de aquí, de puerta en puerta. De ahí pasé al área de membresías dentro del edificio, de ahí al área de Garantías y por último a ejecutivo de ventas,” relata.

Comprometido y con un hijo de cuatro años, Roger recorrió un largo camino desde aquel pasado en Limón del que ya no quedan recuerdos, pero también desde el día que, apenas terminó el colegio, dejó Aldeas Infantiles SOS para comenzar su vida independiente.  “Cuando salí de Tres Ríos uno de los integrantes del equipo de Aldeas Infantiles SOS me ayudó mucho a terminar de acomodarme al mundo real. Fue esa persona la que me dio la misma contención que recibía en Aldeas”, detalla.

Poco después, Roger consiguió un trabajo en las afueras de la capital. Sin embargo, un día, mientras regresaba a su casa por la autopista vio que estaban construyendo una nueva sede de PriceSmart, empresa donde actualmente trabaja.

“Habían carteles grandes de próxima apertura y me llamó la atención porque tenía varios amigos que trabajaban allí y me dijeron que era una buena empresa. Mandé el currículum por correo y un par de días después me llamaron para la entrevista”, cuenta en medio de la gente que apura sus compras. “Esta es una buena empresa que brinda muchas posibilidades de crecimiento. Yo soy la prueba viviente de ello. Sin embargo, mi meta siempre ha sido tener algo propio. Esto para mí es un escalón, como un trampolín para alcanzar mi meta”, dice con convicción.

img-20170807-wa0017A Roger le interesa mucho la comida, el negocio de los restaurantes. Le brillan los ojos tras los lentes de marco negro cuando habla de cuanto le gusta cocinar y de cómo se imagina intentando desarrollar ese tipo de negocio. “Quiero ser yo jefe y no el asalariado”, expresa con pasión. Quiere tener esa oportunidad de crear, ver crecer, enfrentar posibles adversidades y disfrutar de un espacio propio.

Sin embargo, recuerda constantemente que esa posibilidad de futuro está basada en un pasado que le dio una nueva oportunidad.

“Aldeas fue una oportunidad gigantesca para todos nosotros y hay que aprovecharla. Por suerte yo pude hacerlo y hoy tengo un trabajo estable y una familia maravillosa a la que amo. Para los que alguna vez vivimos en Aldeas, esa es la meta: poder alcanzar nuestros sueños”, concluye.