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La casa se encontraba muy sola y tranquila. Todos los niños estaban viendo películas por lo que la tía Janet aprovechó para hacer labores en la casa. Acababa de ir a comprar pan para que cuando los niños y niñas volvieran, pudieran comer un sándwich como merienda.
Tía Janet tiene 55 años, está casada, tiene 2 hijos y 3 nietos. Desde enero del presente año es tía y tiene a cargo 6 niños de entre 11 y 15 años.

¿Por qué dejar su vida con su familia por estar aquí?
Fue difícil la decisión entre mi esposo y yo, pero ya nuestros hijos están grandes. A mí me encanta trabajar con niños. Saqué cursos de niñera y de cuido de adultos mayores. Siempre me ha gustado estar cuidando a las personas. Cuando se dio la opción de aquí de Aldeas, los primeros meses fueron difíciles. Pero lo hemos logrado.

¿Que ha sido lo más gratificante de ser Tía?
La relación entre cada chico o chica y yo. El vínculo constructivo que se crea. Yo siempre les explico que cuenten conmigo en todo el sentido de la palabra… en amor, en comprensión y en todo en lo que ellos puedan confiar en mí.

¿Qué cambios ha tenido desde que trabaja aquí?
Bueno, el cambio más grande es con mi familia. Pero cada vez que tengo el chance o vacaciones aprovecho para pasar tiempo con ellos. También ciertas actividades de las que no podemos ser parte pero eso me ayuda a mí mucho, espiritualmente.

¿Cómo es la dinámica en la casa?
Aquí los chicos se levantan y arreglan su cuarto de una vez. Todo debe estar limpio. Cada uno tiene un horario de la limpieza del baño, de la cocina, de la sala… Yo los acompaño. Mientras uno lava platos, yo los seco. Y así. Siempre procuro que hagamos todo juntos. Antes no les gustaba hacer nada pero ya hemos conseguido que sean más ordenados y ayuden.

¿Le gusta ser Tía?
Me apasiona mucho la verdad. Yo siempre dije que en algún momento quería ponerme una guardería o cuidar chicos. Nunca me imaginé cuidar chicos de acá, porque del portón para adentro es otro mundo. La responsabilidad que tengo es mucha, pero me gusta hacer que ellos se sientan protegidos y amados. Yo pienso que este es el propósito que Dios tiene para mí y me ha dado las fuerzas cuando me encuentro cansada o extrañando a mi familia, pero él me demuestra su amor mediante los chicos.
Me gusta mucho compartir con ellos. Jugar, hacer pijamadas y hacer que suelten el teléfono un rato y que nos divirtamos. Cada semana les preparo el platillo o postre favorito de cada uno y ellos se emocionan muchísimo.

Al terminar, tía Janet me enseñó los dormitorios de cada chico y chica, y se puso a preparar la merienda que ya les había prometido.