Lazos afectivos que atraviesan océanos

Este 15 de junio, como parte de nuestro programa de padrinazgo internacional, se llevó a cabo una visita muy especial en nuestra aldea de Santa Ana donde no sólo se dio la oportunidad de que dos madrinas vinieran desde Noruega a visitar a los niños que apoyan económicamente cada mes, sino que además, ellas son hermanas nacidas en Costa Rica y de niñas fueron acogidas en una especie de aldea infantil que cuidó de ellas en Santa Ana, hasta que fueron adoptadas y llevadas a Noruega hace casi 20 años.

Erika y Jenny son estas dos hermanas de gran corazón que decidieron retribuir la protección que recibieron cuando más lo necesitaban pues, como dijo Erika en un muy buen español, “Sé personalmente que darle cuido a los niños y un lugar seguro para crecer, estudiar y tener amor puede curar sus emociones”. A lo que su hermana agregó en inglés: “En términos generales tuve una infancia muy buena gracias a la aldea en la que crecí y estoy muy feliz por eso.”

Para este día tan especial, ellas trajeron a sus respectivos hijos y a uno de sus sobrinos, todos ellos entre los 7 y los 12 años de edad, pues querían que ellos también conocieran a los protagonistas de esta visita: Jasser de 9 años y Jeremy de 7 años, de los cuales han escuchado gracias a las cartas que Erika y Jenny reciben por el programa de padrinazgo.

La emoción era muy grande pues esta visita la habían estado planeando desde hace mucho y habían tenido que ahorrar un largo tiempo para poder llevarla a cabo. Al irnos contando su historia y lo que significa esta visita para ellas, Erika no pudo evitar las lágrimas de alegría pues, para ellas, es muy importante por fin conocer a estos dos niños que habían logrado calar tanto en sus corazones como para cruzar el Atlántico por el deseo de conocerlos.

El encuentro fue sumamente familiar. La tía Lorena repartía el queque y el fresco de mora, el cual resultaba todo un recuerdo de infancia para Erika y Jenny y toda una novedad para sus hijos. Jasser, muy atento, decidió repartir fresas a cada uno de los invitados y Jeremy sostenía muy contento la bola de fútbol que le regaló su madrina Erika y con la cual nos mostró a todos su lado más extrovertido al jugar con ella  y sus nuevos amiguitos de Europa.

Por otro lado, Jenny le regaló un LEGO a Jasser, con el cual demostró que el lenguaje universal de los niños – el juego –  puede superar las barreras de los idiomas, pues él y el hijo de Jenny lograban ponerse de acuerdo, sin ningún problema, sobre cuáles piezas debían utilizar para armar un camión de bomberos. Además de esto, Jasser sorprendió a todos  los visitantes al demostrar que entendía y hablaba inglés bastante bien para su corta edad, lo cual le permitió comunicarse un poco más con Erika y Jenny, quienes quedaron encantadas con esa sorpresa.

Después de mucho jugar y compartir con Jasser, Jeremy y la Tía Lorena, llegó la hora de despedirse; por lo que todos se dieron un fuerte abrazo que sabemos que acompañará a cada uno a pesar de la distancia. Prueba de ello es que cuando Erika y Jenny se estaban subiendo al carro para irse, Jasser y Jeremy se acercaron corriendo hacia el parqueo para despedirse otra vez y fue ahí cuando Jeremy, el más tímido de los dos hermanos, nos dijo: “ Díganle a mi madrina que la quiero mucho”.

Redacción: Daniel Peraza